Programas de ayuda alimentaria en Arizona se vuelven un crisol de culturas

Asha Adam (izquierda), Nassardhin Abdallah (centro), and Metasebyia Tefera (derecha), pruebas de comida y hablan con un residente de Tucson en el mercado agrícola St. Phillip’s Farmers’ Market , el  domingo, 1 de febrero, 2015. (Foto por: Holly Regan/Arizona Sonora News Service)
Asha Adam (izquierda), Nassardhin Abdallah (centro), and Metasebyia Tefera (derecha),
pruebas de comida y hablan con un residente de Tucson en el mercado agrícola St. Phillip’s Farmers’ Market , el
domingo, 1 de febrero, 2015. (Foto por: Holly Regan/Arizona Sonora News Service)

Los refugiados están asentándose a la vida de Arizona con la ayuda de la base universal de vida: comida.

Grupos por todo el estado les están dando la oportunidad a los refugiados de compartir sus culturas y tradiciones con Arizonenses a través de cosechas y cultivo, clases de cocina, y huertos comunitarios.

El Comité Internacional de Rescate (International Rescue Committee), una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York, ayuda a cientos de refugiados cada año cuando llegan a Arizona.

Nicky Walker, gerente del desarrollo de programas para la organización (IRC, por sus siglas en inglés) en Phoenix, dijo que el programa de Nuevas Raíces (New Roots) ayuda a que los refugiados desarrollen sus propios negocios agrícolas por medio del cultivo, la jardinería y clases de nutrición.

“El programa New Roots les permite a los refugiados restablecer sus lazos con la tierra, celebrar su herencia cultural, nutrirse a sí mismos y a sus vecinos plantando raíces fuertes, literalmente, en sus nuevas comunidades”, dijo Walker.

Los refugiados revitalizan las comunidades urbanas y comparten su conocimiento agrícola y alimentos frescos con sus familias y vecinos, según Walker. El programa ayuda con cuatro huertos comunitarios, 12 jardines de patios traseros, 101 jardines familiares, 18 granjas familiares, puestos de entrenamiento para nuevos jardineros refugiados en varios mercados agrícolas y hasta una familia que está practicando apicultura, según Walker.

Arizona es hogar de la novena población más grande de refugiados en el país, con un total de 3,814 el año pasado, y 73,626 desde 1980. Los refugiados vienen a los Estados Unidos después de no poder regresar a su país por miedo de persecución basándose en su raza, religión, o nacionalidad, según con Nicole Moon, portavoz para el Departamento de Seguridad Económica de Arizona (Arizona Department of Economic Security).

De acuerdo con Moon, en Arizona, los refugiados de Iraq y Vietnam son los grupos más grandes, y los refugiados iraquís son el grupo de mayor crecimiento en los Estados Unidos.

En la Red de Refugiados Iskashitaa (Iskashitaa Refugee Network) en Tucson, los refugiados iraquís a menudo les enseñan en clases de cocina a otros refugiados y locales cómo usar comidas comunes de una nueva manera.

En semejanza al programa New Roots, Iskashitaa es una organización enfocada en ayudar a que los refugiados formen conexiones con la comunidad de Arizona a través de la cultivación, clases de cocina, convivios y mercados agrícolas.

“La comida es algo a lo que todo mundo puede relacionarse, aunque vengan de tradiciones diferentes”, dijo Stephanie Plotas, Coordinadora de Justica Alimenticia (Food Justice Coordinator) en Iskashitaa. “Queremos proveer oportunidades para que los refugiados se aclimaten a Tucson y se hagan parte de la comunidad de aquí”. 

En el programa, los refugiados y voluntarios cultivan en los patios, y después distribuyen la comida a organizaciones de refugiados, familias refugiadas y otros con necesidad. Aproximadamente entre 5 y 10 por ciento se vende en mercados agrícolas, y se usa para clases de cocina.

“Hay comida literalmente por todas partes. Pero, a pesar de la presencia local de cultivos, hay gente muriéndose de hambre”, dijo coordinadora de cosecha Chloe Sovinee- Dyroff. “La ironía enferma de la situación es algo que no creo que se puede realmente entender ni sentir hasta que lo hayas visto”.

Usualmente Iskashitaa cosecha dos veces a la semana, de entre cuatro a seis patios diferentes en Tucson. Clases de preservación de comida y de cocina están disponibles para los refugiados y voluntarios de la comunidad. Se ofrecen cuarenta clases de cocina y de preservación de comida durante todo el año, enfocándose en el manejo seguro de comida además de nuevas maneras para usar y preparar a los productos cosechados, según Plotas.

“También les damos a los refugiados una oportunidad para educarnos sobre lo que ellos saben de las frutas. Hay muchas cosas que cosechamos que otras personas no consideran recurso de comida o que simplemente no saben usar aquí, pero pueden ser muy valiosas para los refugiados”, dijo Plotas.

Los refugiados iraquís usualmente usan naranjas Seville en hasta 60 por ciento de sus platillos, en lugar de limones, y les enseñan a los demás cómo usar las naranjas Seville en las clases de cocina, según Plotas.

Durante una clase de cocina, un refugiado iraquí compartió una receta única usando naranjas Seville. La cáscara de naranja se hierve para sacar lo agrio, se envuelve en forma de una concha de caracol, se enhila usando una aguja y bordado de seda y se cocina con almíbar. El producto final sabe agrio, acompañado por lo dulce del almíbar, según Plotas.

Las clases de cocina les dan a los refugiados una oportunidad de practicar su inglés además de hacer amigos en la comunidad, lo que crea para ellos una red fuerte de apoyo, de acuerdo con Plotas.

“Ajustándose a la cultura, es muy útil para ellos tener gente con la que sientan que pueden contar, pueden hacerles preguntas, y es realmente increíble ver como se forman relaciones”, dijo Plotas.

Para muchos refugiados, especialmente Nassardhin Abdallah de Darfur, hacer conexiones es una parte importante de Iskashitaa, y los mercados agrícolas son la mejor manera de hacerlo.

“Me gusta estar aquí”. Dijo Abdallah. “Conozco a nuevos amigos”. 

Yewbdar Ergete da pruebas de su pan de Etiopía hecho en casa en el mercado agrícola St. Phillip’s Farmers’  Market el domingo, 1 de febrero, 2015. Ergete vendió todo su pan al final del día. (Foto por: Holly Regan/Arizona  Sonora News Service)
Yewbdar Ergete da pruebas de su pan de Etiopía hecho en casa en el mercado agrícola St. Phillip’s Farmers’
Market el domingo, 1 de febrero, 2015. Ergete vendió todo su pan al final del día. (Foto por: Holly Regan/Arizona
Sonora News Service)

Como muchos refugiados en Arizona, Abdallah vino a los Estados Unidos sin saber inglés. Sin embargo, conversando con gente en las cosechas y en los mercados agrícolas, su inglés ha mejorado.

Una nueva iniciativa de Iskashitaa durante los últimos meses ha sido incorporar a los refugiados a los mercados agrícolas. Una de sus metas es ayudar a que los refugiados se aclimaten y animar a los voluntarios a que acompañen y ayuden a los refugiados en los mercados agrícolas, de acuerdo con Plotas.

“En el futuro nos encantaría tener otra fuente de ingreso para los refugiados o una manera de que ellos mismos se mantengan”, dijo Plotas. Algunas de las comidas que Iskashitaa Refugee Network vende en los mercados agrícolas incluyen fruta seca de barhi cubierta con sésamo seco, naranjas sanguinas, galletas de calabaza con algarroba y nuez, pan de Etiopía, limones azucarados, toronjas y cáscara de naranja.

“Hay algo únicamente hermoso en el intercambio intercultural de ideas que ocurre en Iskashitaa”, dijo Sovienne-Dyroff. “Gente de todas partes, que habla diferentes idiomas, que viene de diferentes culturas, trabaja en colaboración para alimentar a Tucson con sus propias plantas que crece localmente, y aprende uno del otro”.

Otra organización con el propósito de ayudar a los refugiados, particularmente a las mujeres refugiadas, en Tucson es “Platos e Historias” (Dishes & Stories). Pricilla Mendenhal, quien ha estado ayudando a refugiados por más de 30 años, creó la compañía con la esperanza de que un día fuera dirigida por mujeres refugiadas e inmigrantes.

Dishes & Stories participa en servicios de banquetes a domicilio, presentandodemostraciones y clases de cocina, y la venta de productos de panadería sin gluten. Dishes & Stories recibió una donación de $ 10,000 de la iglesia Rincon United Church of Christ, lo que les permite a las mujeres refugiadas hacer clases de cocina gratuitas.

“Hay clases de cocina que se enfocan en las recetas que las mujeres trajeron con ellas de sus madres, tías y abuelas”, dijo Mendenhall. Las cocineras refugiadas vienen de Congo, Irak, Egipto, Etiopía, Siria y Sudán, de acuerdo con Mendenhall.

Mendenhall ahora se enfoca en productos de panadería sin gluten, y se hará el lanzamiento en dentro de un mes, con entre 35 y 40 productos horneados para venderse en cafés, restaurantes y a individuos.

“Estamos basando a todos estos programas en recetas que las mujeres refugiadas han aprendido de otras mujeres en sus familias, entonces lo que están trayendo a la mesa, literalmente, es su herencia, sus habilidades, su familia y su cultura”, dijo Mendenhall.

“Y para mí siempre es sorprendente cómo eso se convierte en una conversación entre las cocineras y la gente con la que estamos.”

Traducido por Andrea Castillo / Editado por Natasha Moushegian

Holly Regan es reportera para Arizona Sonora News, un servicio de la Escuela de Periodismo en la Universidad de Arizona. Comuníquese con ella por correo electrónico hollyregan@email.arizona.edu

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