El creciente índice de abuso a menores en Arizona encabeza la nación

 

Cuando Kathy Picard era joven, su familia la llevó al dermatólogo para averiguar por qué estaba perdiendo sus pestañas y sus cejas. El dermatólogo le diagnosticó encefalitis aguda, y le dio un ungüento para que se lo aplicara.

Poco sabía el dermatólogo que Picard en realidad estaba perdiendo sus pestañas y sus cejas porque ella misma se las estaba arrancando. Desde los siete años de edad hasta los 17, Picard fue abusada sexualmente por su padrastro. Arrancarse las pestañas era su grito subconsciente de socorro.

Historias como ésta se han vuelto demasiado comunes en Arizona, lo cual es sólo uno de varios estados que en los últimos 10 años ha demostrado tener un aumento de niños puestos a cargo de las autoridades como resultado del abuso o de la negligencia, según Chris Swenson-Smith, el director del Children and Family Services Division of the Pima County Juvenile Court Center (Departamento de Niños y Servicios Familiares del Centro del Tribunal de Menores en el Condado de Pima).

Según los datos recopilados por el U.S. Department of Health and Human Services Children’s Bureau (La Oficina de Niños del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU.), Arizona ha tenido el mayor aumento en índices de abuso a menores en los últimos tres años del 2009 al 2012.

El gran aumento podría ser debido a que Arizona ha investigado más reportes que otros estados, dijo Jennifer Bowser-Richards, directora de comunicación en el Departamento de Seguridad de Menores de Arizona. Es posible que Arizona tenga una gama más amplia para lo que se considera un reporte que requiere investigación, y puede ser que otros estados descarten a más llamadas a nivel de línea directa, dijo Bowser-Richards.

Sin embargo, en enero de este año, los oficiales reportaron que no se investigaron aproximadamente 6,000 casos de abuso a menores en los últimos cuatro años.

Una razón por la cual Arizona demuestra un aumento en vez de una disminución, lo cual han demostrado 45 otros estados, es que Arizona es un estado con niveles altos del abuso de drogas, dijo Swenson-Smith.

En el condado de Pima, el 69.2 por ciento de los casos de abuso a menores alegan el consumo de sustancias y de drogas de los padres, y de estos la droga más común es la marihuana, según Swenson-Smith. La marihuana se considera muy barata en Arizona por su cercanía de México.

La segunda droga más común es la metanfetamina y últimamente el número de casos de abuso a menores que alegan el consumo de la heroína por los padres se ha triplicado en cuatro años, dijo Swenson-Smith.

“Hace cinco años, casi no había ningún caso y ahora es aproximadamente un 15 por ciento, y sigue subiendo cada mes”, dijo ella.

El caso de abuso más común en Arizona ocurre cuando un niño nace expuesto a las drogas, y cuando esto ocurre el niño va directo del hospital al acogimiento familiar, dijo Swenson-Smith.

Ahí es donde comienza el ciclo porque muchas personas en prisión y en centros de rehabilitación libres de droga han sido víctimas del abuso ellos mismos, dijo Daphne Young, vice presidenta de la comunicación y educación de prevención en Childhelp, una organización nacional sin fines de lucro basada en Phoenix.

“Parte de nuestro trabajo aquí es intentar  romper ese ciclo de abuso”, dijo Young. “Hemos tenido a gente que nos llama y dice, ‘Estaba a punto de hacerle daño a mi hijo. Estoy tan frustrado. No sé qué hacer’, y nosotros nos aseguramos de que reciban apoyo en su ciudad para que sus hijos estén fuera de peligro”.

Otra razón por la cual Arizona ha tenido un aumento en el abuso a menores es porque el estado ha tenido recortes presupuestarios drásticos de los servicios de prevención y de apoyo para las familias, dijo Swenson-Smith.

La falta de recursos y apoyo para las familias involucradas en el abuso a menores es lo que provocó que Tamra Wade se regresara a la universidad para intentar  conseguir sus credenciales de psicología y sociología.

Wade, quien fue abusada sexualmente desde los diez años de edad hasta los 18 por su abuelo, quiere desarrollar un programa para ayudar a los niños con el abuso sexual a menores porque ella no ha visto un programa que sea suficiente aquí en Arizona.

Los programas pueden tratar a algunos de los problemas, dijo ella, pero no están atendiendo a toda la familia. Un ejemplo de esto es su esposo, que no sabe cómo tratarla cuando tiene una crisis o cuando algo le provoca un mal recuerdo.

”Hemos estado casados por más de una década y apenas estamos empezando a encontrar un equilibrio juntos”, dijo Wade. “Fuimos a buscar un buen recurso para él y no hay nada”.

Wade intentó hablar con su madre sobre el abuso pero su madre dijo que estaba mintiendo, y fue entonces que ella se dio cuenta de que ya no podía quedarse más y ser parte de esa familia.

Picard, quien ahora es defensora para la prevención del abuso sexual, sufrió una situación similar con su propia madre, que hasta la fecha no comunica con ella sobre lo que sucedió.

Kathy Picard le da la mano a Deval Patrick, gobernador de Massachussets, el 26 de junio del 2014, después de que aprobó una ley que les permitirá a los sobrevivientes del abuso a menores más tiempo para presentarse contra sus agresores. Foto por cortesía de Kathy Picard.
Kathy Picard le da la mano a Deval Patrick, gobernador de Massachussets, el 26 de junio del 2014, después de que aprobó una ley que les permitirá a los sobrevivientes del abuso a menores más tiempo para presentarse contra sus agresores. Foto por cortesía de Kathy Picard.

Ella tuvo un papel muy importante para el cambio del estatuto de limitaciones contra el abuso sexual a menores en Massachusetts. A través de su trabajo de defensa, Picard logró extender el periodo de tiempo en el que los sobrevivientes preséntense tienen que presentar en contra de sus agresores, lo cual ella considera esencial porque muchos sobrevivientes no consiguen el valor para presentarse hasta más tarde en la vida.

Martha Denick, otra víctima del abuso sexual a menores, también dijo que no es raro que alguien guarde silencio sobre el abuso por varios años.

“Llega hasta un punto en donde te vuelves más fuerte, pero hay mucha gente que nunca lo supera porque ya que hayas sido abusado pareces atraer más abuso”, dijo Denick.

Algunas de las peores consecuencias del abuso ocurren cuando se trata del incesto, dijo Emily Mackelprang, doctorando en el Departamento de Psicología de la Universidad de Arizona.

“Suele haber  consecuencias peores para niños que son víctimas del abuso incestuoso porque si  un miembro familiar te abusa, el abuso de confianza es aún más profunda”, dijo Mackelprang. “Si un extraño comete un acto contra ti, no había confianza para empezar”.

También puede ser peor para la víctima porque si el agresor es un familiar, eso normalmente significa que tiene mayor acceso a la víctima, lo cual deja a la víctima sintiéndose desesperada porque no puede escapar, dijo ella.

“Puede ser menos probable que los niños le cuenten a alguien sobre el abuso porque es un familiar”, dijo Mackelprang. “No quieren herirles los sentimientos a sus padres”.

Una de las mayores áreas del abuso es la negligencia, porque envuelve a tantas áreas, dijo Young.

La negligencia puede referirse a negarse a proveer las necesidades físicas del niño, el abandono y la supervisión inadecuada, entre otras cosas.

Algunas señales que hay que buscar en un niño que esté sufriendo de la negligencia son estar bajo peso, estar constantemente con hambre, la falta de higiene y estar inapropiadamente vestido para el clima, dijo ella.

Según Swenson-Smith, un estudio sobre las experiencias negativas en la niñez demostró que los adultos que eran más probables de sufrir problemas de salud en el futuro eran aquellos que habían visto a su madre ser víctima de la violencia doméstica, que tenían a un padre en prisión, que fueron víctimas ellos mismos del abuso a menores, o que perdieron a un padre a la muerte.

Los que fueron sometidos al trauma en su niñez tienen mayor probabilidad de sufrir problemas de salud mental, la falta de vivienda, el suicidio, el desempleo y el consumo de drogas. Como resultado, estos pueden conducir a que un padre abuse a su propio hijo, lo cual hace que continúe el ciclo.

“Cuando comenzamos a ver a los padres de estos casos como víctimas ellos mismos, vemos una manera diferente de trabajar con las familias”, dijo Swenson-Smith. “Hay que ayudar al padre a que entienda que su propia trauma de su niñez lo ha llevado por este camino y ayudarles a conseguir tratamiento. Después tienes que ayudar a los niños para poder mitigar a los efectos en ellos para que después no regresen a ser el abusador”.

Reham Alawadhi es una reportera de Arizona Sonora News, un servicio del Colegio de Periodismo en la Universidad de Arizona. Contáctela por email a rehama@email.arizona.edu

Traducido por Natasha Moushegian / Editado por Mariah Chloe Swickard

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